EL TIGRE NO ES COMO LO PINTAN

Rubby en "El Templo de los Tigres", en Tailandia, que aqui parecen gatitos

Apreciados Lectores,  buscando ofrecerles mejor y mas variada informacion, nuestro periodico esta realizando algunos cambios. Entre esos estan nuevas secciones e invitados, que estoy segura haran las delicias de quienes nos visitan! Rubby Alvarez, de Colombia, es una de ellas y este es su primer articulo en nuestra web…Querida Rubby, bienvenida!!

EMPIEZA LA HISTORIA

Había una vez un monje budista llamado Phra Ajanh Phusit, el cual se encargaba de dirigir un Monasterio del Bosque llamado Wat Pa Luangta Bua Yannasampanno o más conocido como el Templo de los Tigres, ubicado en la provincia de Kanchanaburi en Tailandia.  Cuenta la historia que un día algunos campesinos se dirigieron a este monasterio con un pequeño tigrillo, que había quedado abandonado cuando unos cazadores mataron a su madre.  El monasterio poco a poco se fue convirtiendo en el hogar de diversos animales salvajes, se fue corriendo la voz y más tigres han seguido llegando, llevados por los campesinos, desde que llegó el primero. Desde esa época (finales del siglo XX) hasta nuestros días, los monjes de este monasterio viven en armonía con tigres y otros animales salvajes.  Desde hace años, los tigres se han reproducido entre ellos, siendo en este momento casi 20 tigres en el lugar. En algunas entrevistas Ajanh Phusit ha mencionado que el cree que los tigres son monjes reencarnados, en otras dijo que él tuvo un sueño-premonición, en el cual su amigo cercano moría y reencarnaba en un tigre y por eso es que él se encarga con tanta devoción de cuidar y preservar a estos animales.     

 VISITANDO EL TEMPLO

Esta linda historia la he escuchado y leído en diversas ocasiones, lo cual me llevó a visitar dicho lugar varias veces durante el 2007 y lo visité de nuevo en Abril del 2009.  Cada visita fue diferente y única, en especial esta última. He leído varios artículos y denuncias acerca de este templo y del trato que se le da a los tigres, pero nunca, hasta esta visita, pensé que fueran ciertas, me parecían simples especulaciones.  Al entrar al “templo”, empecé a ver diferentes cambios y la construcción del nuevo proyecto (La Isla de los Tigres), del que será “el nuevo hogar para los tigres, en donde podrán correr y vivir libremente entre los árboles”, sólo que lo que se ve hasta el momento se parece más a algún parque temático, con madera falsa, posiblemente de pasta (o eso parece) y acabados de cueva;  pero bueno, hasta el momento sólo es mi humilde opinión en cuanto a diseño, y no soy diseñadora, pero para mí se aleja cada vez más de ese espacio natural que quieren crear o de ese “monasterio del bosque” que dicen ser.     

En el Cañon de los Tigres, los animales aun despiertos juegan unos con otros

 Llegamos a donde se encontraban los tigres y sus voluntarios, cerca de las jaulas, en donde iniciaría el descenso hacia el Cañón de los Tigres.  En este lugar empezaron a dirigirnos y encerrarnos, como ganado, en una especie de corral, mientras que alguien nos comunicaba por un megáfono que era por nuestra seguridad, porque los tigres son peligrosos (todos sabemos que el tigre es un animal salvaje… pero no estaría tan segura del peligro de estos gatitos), lo cual tenía sentido para la mayoría de turistas que se encontraban en el lugar.     

Cerraron la puerta de “nuestro corral” y nos informaron que ahora los tigres iban hacia el cañón en donde podríamos ir a verlos y a tomarnos fotos con ellos.  Que 5 tigres permanecerían cerca de nosotros para que tuviéramos la oportunidad, en grupos de 20 ó 30 personas, de tomarnos una foto caminando al lado del tigre; también nos pidieron que nunca nos ubicáramos frente al tigre, porque nos podía confundir con su comida, ni nos ubicáramos detrás porque nos podría confundir con mier… y tampoco querríamos eso.  Y así fue, Paola y yo fuimos parte del primer grupo, gracias a la terquedad de no querernos mover al fondo del “corral”.  Salimos, hicimos una fila como nos indicaron, el tigre con uno de los monjes adelante, todos nosotros en fila india atrás, los voluntarios venían y tomaban nuestras cámaras e íbamos pasando de uno en uno tocándole la parte baja del lomo al tigre mientras que muy hábilmente el voluntario nos tomaba fotos, ni se notaba, eso era como “peluqueando locos”.     

Aqui uno de los voluntarios, jalandole la cola

En menos de nada llegamos al cañón en donde estaban los demás tigres y por llegar en el primer grupo, pudimos sentarnos en la sombra a observar el resto del show.  Y al decir el resto del show, no me refiero a que hubiera un show como tal, simplemente que ese día, más que otros vi todo como un montaje que sólo busca satisfacer el deseo de los turistas de estar cerca de una criatura tan grande y peligrosa, ¿pero a costa de qué?   El cañón no es muy grande, tiene un lago al fondo en donde los dejan jugar por un rato, antes de llevarlos a los lugares predeterminados, en donde los espera una cadena y un recipiente que en ocasiones llenan de agua; a algunos los acomodan en grandes rocas.  Me fijé mucho en los tigres que ya estaban en el cañón, todos muy activos, en ese momento jugaban unos con otros.  Los voluntarios se van acercando y los rocían con agua fría, ya que el calor es muy fuerte, mientras que ellos se revuelcan disfrutando la frescura del agua y se voltean en diversas posiciones, para asegurarse de que el pequeño chorro les llegue a todas partes del cuerpo.     

Algunos voluntarios pasan y los golpean en la cabeza, como golpeando a un amigo, pero mucho más fuerte y los tigres no reaccionan, como si estuvieran acostumbrados o les gustara.  Algunos de ellos sí eran bastante dulces con los animalitos y se veía que no era un simple trabajo y los trataban con más cariño que el resto.  Mientras que estábamos en esas observaciones nos indicaban que nos debíamos poner de pie porque venía otro tigre, con su respectivo grupo, y “nunca se le debe dar la espalda a un tigre”.  El tigre entraba y lo llevaban a su lugar previamente asignado y nosotros nos sentábamos de nuevo, hicimos eso tres veces más hasta que todos los tigres estuvieron en sus lugares.   Mientras nosotros observábamos y tomábamos fotos, nos iban indicando como sería “la función”.  Si nos ubicábamos en la fila de la izquierda, un voluntario vendría y nos tomaría de la mano para llevarnos hasta los diferentes tigres, le entregábamos la cámara a otro voluntario que nos tomaría las fotos.  Si no íbamos de la mano de los voluntarios, podría ser muy peligroso.     

Templo de los Tigres, Kanchanaburi, Tailandia

Estas fotos eran totalmente gratis (lo que pagamos al entrar no era un tiquete, sino una donación).  Adicionalmente a esta foto, si queríamos, podíamos hacer la fila de la derecha, en donde podríamos tomarnos una foto, junto a nuestros acompañantes si queríamos, sentados con la cabeza del tigre en nuestras piernas.  Esta impresionante foto sería posible por una donación adicional de 1.000 THB (casi 30 USD).  Esto nos lo repitió varias veces una tailandesa con muy buen inglés, pero por si las dudas, se acercó una australiana, que no sé si será voluntaria o tenga algo que ver con el manejo del lugar, para repetirlo, en caso de que no haya quedado claro.  Además informó que si los niños querían ir a jugar con los tigrillos podían seguirla, por una donación adicional de 1.500 THB.      

 Mientras que llegaban los demás tigres tal vez pasaron 20 ó 30 minutos, no sabría con exactitud, el caso es que el nivel de actividad de los tigres en general iba disminuyendo a medida que pasaba el tiempo, hasta que quedaron en un estado de siesta casi permanente que concordaba con el momento en el que la gente entraba a tomarse las fotos.  Esto puede ser porque han almorzado antes de que lleguen los turistas y están muy llenos (como nos explican) o por el calor, diría yo (a mi me da sueño si hay mucho calor)… o, como han dicho las malas lenguas en diversas ocasiones, están bajo el efecto de alguna sustancia que les han administrado antes de iniciar el show.  Esta última afirmación siempre me ha parecido bastante grave, ya que finalmente es un templo y son monjes los que se encargan de esta obra benéfica… imposible de creer.  Pero ese día esa teoría no me pareció tan descabellada.  No lo afirmo… pero como decían hace unos años en algún programa de TV en Colombia: Dicen, yo no sé….    

Los monjes y los tigres conviven en el Templo

Observamos un rato a los demás turistas tomándose fotos.  Los voluntarios los acomodan cerca de los tigres y les piden que los toquen.  Para las fotos especiales, los tigres son movidos como muñecos de felpa, para lograr la pose adecuada en las fotos: Mueven la cabeza del tigre, sientan a la persona y luego le acomodan la cabeza en las piernas. O voltean al tigre para que la persona se pueda recostar o el niño se pueda sentar en su barriga.  ¡Qué sueño tan pesado el de estos tigres!    

 Después de un rato decidimos ir por nuestra foto (no estaba de acuerdo con lo que veía… pero estando ahí no iba a perder la oportunidad de la foto… esas fotos generan muchos comentarios en Facebook  ).  Hicimos la fila bajo el sol picante (el mismo sol que le produjo sueño a los mininos) y antes de llegar le preguntamos a la encargada si Paola y yo podíamos entrar al tiempo y así salir juntas en las fotos, nos explicó que no porque era peligroso, pero que si queríamos podíamos tomarnos la foto especial (la de la donación extra de 1.000 THB), en ese caso si podíamos entrar juntas.     

Aqui Rubby en la foto especial, con "donacion"

Lo que me pregunto es cómo saben los tigres quién dio la donación y quién no o si los tigres de las fotos especiales son menos peligrosos que los de las fotos regulares.  Más preguntas sin respuesta.  Entré de la mano de una voluntaria que me acomodaba detrás o al lado de los diversos tigres y me decía que los tocara, mientras tanto la otra voluntaria tomaba las fotos desde diferentes ángulos con gran habilidad.  Al final me sentaron al lado de un tigre hembra, me sentaron entre la cola y las piernas; no me pareció muy adecuado, pero ellas son las que saben, y, como con los otros, me pidió que la tocara, apenas puse mi mano en la parte superior de su pierna la gatita me pegó con su cola, el golpe no fue duró, pero me asusté (no estoy muy acostumbrada a que los tigres me peguen con la cola), la foto quedó mal, quisieron tomarla de nuevo, otra vez en posición, obteniendo la misma reacción de la gatita durmiente.  Preferí no quedarme a probar que tan dormida estaba, no le gustó mi mano ahí y eso fue suficiente.  Afortunadamente era el último tigre antes de salir.   Cuando salió Paola decidimos que ya teníamos suficiente de tigres por ese día y salimos.    

En los diversos templos en Tailandia nos piden a los extranjeros, especialmente, que seamos un poco respetuosos en nuestra forma de vestir, refiriéndose principalmente a cubrir los hombros.  Sólo en pocos templos son estrictos en cuanto al cumplimiento de esta medida, en la mayoría lo toleran porque respetan la diferencia cultural.  Si bien es cierto que el Templo de los Tigres tiene nombre de templo y que hay monjes en él, los lugares a los que tiene acceso el turista no son ni cercanos a lo que es un templo budista, es decir, no hay pagodas, estupas o imágenes de Buda a la vista, ni mucho menos monjes meditando.  Este lugar cada vez más se convierte en una atracción turística, alejándose más del nombre por el que es famoso.  En mis visitas anteriores nunca se me pidió que tuviera los hombros cubiertos (se puede ver en mis fotos o en las miles de fotos que circulan en Internet de los muchos turistas que han visitado el lugar), en esta ocasión se exigía en el momento de comprar el tiquete de entrada (perdón, la donación, que también pasó de 350 THB a 500 THB – 10 a 15 dólares… tal vez es lo único que he visto que ha subido tanto los últimos años en Tailandia) que se llevaran los hombros cubiertos, para lo cual sugerían comprar alguna de las camisetas del templo, podía ser una camiseta sencilla con un estampado de una cara de tigre enorme por 300 THB (una camiseta similar se consigue por 99 THB) o una camiseta polo por 500 THB (199 THB en otros lugares), creo que ni una camiseta del Hard Rock Café cuesta eso.      

Un voluntario, con cariño acaricia a uno de los enormes tigres

…NO ES COMO LO PINTAN

En las otras visitas que hice a este lugar me sentía un poco decepcionada al llegar al cañón y ver que los tigres están casi dormidos, pero la foto se veía bien.  No escribí nada al respecto antes, porque desgraciadamente gran parte de las actividades turísticas son, en parte, montajes para el turista, para transmitirle un poco lo que puede ser la realidad de otro país o la realidad que se quiere mostrar.  Y pues si es lo que el turista busca, no tiene nada de malo complacerlo.  Pero esta visita me produjo bastante insatisfacción, por lo tanto decidí buscar más información antes de escribir algo al respecto.  Encontré que Animal Planet ha hecho varios programas acerca de este lugar, mostrando la obra tan grande que allí se realiza, otros canales también lo han visitado.  Al ver los programas, se ve que Ajanh Phusit es el único monje que aparece en las entrevistas, el único que cuenta la historia y al parecer, el único que se preocupa por que funcione el lugar (en ese momento recordé que en el 2007, cuando visitamos el lugar con Pirry para filmar parte de su programa, este monje estaba en el hospital y nadie estaba autorizado a dar declaraciones).  Como menciona en uno de los videos, a veces no tiene ni siquiera monjes que le ayuden, ya que los monjes llegan a este monasterio buscando lo que encuentran en los demás Monasterios del Bosque, un espacio para meditar y para conectarse con la naturaleza.  Pero después de poco tiempo se van… la verdad, no soy monje, pero creo que yo haría lo mismo.  Lo máximo que he estado meditando son 10 días y no es nada fácil.  Imagino que el hecho de tener un show diario de 12m a 4pm, con cientos de turistas y muchos voluntarios, no ayuda mucho a alcanzar el nivel de meditación y práctica que buscan estos monjes al estar en un monasterio en el bosque.     

En mi búsqueda de información también encontré varias denuncias y videos que muestran la imagen negativa que el lugar puede tener. Uno de los sitios Web que inicialmente apoyaba este lugar, en este momento lo critica: realizaron un cálculo en el momento de la visita, con el número promedio de visitantes que se tenía en marzo de 2006 y los 300 THB que cobraban, se esperaba que el nuevo proyecto (la donación se destinaría para la construcción de La Isla de los Tigres, así los tigres no tendrían que permanecer en jaulas) estuviera listo en marzo del 2007, se preguntan por qué los tigres siguen aún en las jaulas y el proyecto no está terminado, si aumentó considerablemente el número de visitantes y ahora tienen más ingresos por las “donaciones” que obtienen por la foto y el incremento en el precio de la entrada.     

En esta foto los tigres antes de caer dormidos

También denuncian que se obliga a los animales a posar para las fotos y  que no los tratan de la mejor manera.  La organización internacional Care for the Wild los acusa de tráfico de tigres por la frontera con Laos (o el paso sin los permisos adecuados),  de mantener un número alto de tigres en cautiverio, de reproducción y cría de tigres, sin seguir un programa específico, global y controlado para la conservación de animales salvajes o sin un control de las subespecies resultantes al no conocerse el pedigrí de los padres.     

Y como yo ya tengo mis fotos, espero no tener que volver a ese lugar a menos que le cambien el nombre de “Templo de los Tigres” por “El zoológico de Kanchanaburi” y dejen de decir que el tiquete de entrada es una donación.    

Por:      Rubby Alvarez
              Consultora de Viajes
              Tailandia
              www.descubriendoasia.wordpress.com
              www.rubbyalvarez.com

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